Esta es la triste realidad de las granjas en Korea del Sur

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Esta es la triste realidad de las granjas en Korea del Sur

El 11 de septiembre, fui invitado para documentar una de las granjas de carne más grandes de Corea del Sur. La Sociedad Humana Internacional redactó un acuerdo y un contrato con un granjero que opera en las afueras de la capital, Seúl, que contemplaba cerrar su granja.

La granja contaba con más de 100 perros y suplía a los comerciantes de los ajetreados mercados de Morán. Esta granja fu al segunda en cerrar desde 2014 y la Sociedad Humana ha estado ayudando a los granjeros con la transición de crianza de perros hacia cultivos sustentables. En agosto, un equipo se dirigió a la granja para alistar a los perros, preparando el papeleo que los llevaría a los Estados Unidos para ser adoptados a través de pensiones elegidas por la Sociedad Humana.

Corea del Sur es el único país del mundo con granjas comerciales de perros para suplir la demanda de carne y otros productos caninos; aún así, el comercio es considerado una vergüenza. Muchos granjeros desean dejar la industria preocupados por el karma, la opinión de su familia y de la sociedad sobre la práctica y las primas ambientales relacionadas con condiciones que la granja debe cumplir. Al trabajar con estos granjeros que habían expresado el deseo de dejar la industria, la SHI crea “modelos” que pueden seer replicados a lo largo del país con el debido respaldo gubernamental.

La mañana del domingo que bajé del autobús y entré a la granja por primera vez, pude escuchar ladridos desde todas las direcciones. Había un perro afuera de la oficina atado a un cable de alambre que corría los mismos 3 metros arriba y abajo. Ella era la mascota, lucía escuálida, su piel estaba en mal aspecto y estaba cubierta de pulgas.

Esto me preparó para lo que venía. Mientras recorría el camino de tierra encontré otro perro con una gruesa y pesada cadena atada a su collar que le daba 2 metros de libertad. También lucía famélica y estaba cubierta de pulgas; vivía bajo un improvisado refugio de aluminio corrugado, lleno de sus propias heces. Lucía muerta de miedo y escondió su cara en la tierra mientas nos acercábamos a la granja.
Pude ver la primera hilera de jaulas llenas de perros saltando, ladrando y moviendo sus colas; todos eran marrones con manchas oscuras.

 Parecían una mezcla entre mastines y rodesianos crestanos. Me hicieron saber que ellos eran los típicos perros de carne surcoreanos y no tenían valor como mascotas. Pasé mis manos por cada una de las jaulas y todos los perros intentaron olfatear o lamer mi mano. Todos eran hermosos y amorosos; muchos peleaban entre sí para poder obtener más atención. Los grandes y chicos ladraban constantemente, brincando con frenesí.

Tras estas rejas había más rejas, abiertas al aire y llenas de heces, con tazones de comida vacíos y noté que bajo el caluroso sol no tenían agua. Todos los perros se comportaba de la misma manera incontrolable. Sentí algo en mi interior y me llené de lágrimas, aunque tuve que mantener la compostura porque intentaba grabar a estos hermosos animales para que el mundo pudiera ver las condiciones que deben soportar.

Caminé cerca de una máquina trituradora con un enorme tazón debajo para sostener la comida preparada para los animales. Había millones de moscas y gusanos comiendo de los alimentos triturados; el hedor era terrible.

Cubrí mi rostro a medida que me acercaba a donde guardaban a los cachorros. Las perras y sus hijos estaban en jaulas elevadas de alambres de metal donde los perros no podían sostenerse en pie por los huecos de la base. Los cachorros daban tumbos y sus patas se caían, no habí auna base estable para pisar y a medida que crecían sus piernas se deformabas porque debían adaptarse a las condiciones. Debajo de las jaulas había montones de heces que se caían a través de los alambres, agujas hipodérmicas usadas y gusanos.


Encima de las jaulas había botellas de medicinas e inyectadoras que el granjero usaba para inocular a los cachorros. No sé nada sobre el contenido de las botellas, pero las mantenían refrigeradas. Las perras ladraban, algunas gruñían para proteger a sus crías mientras otras movían su cola.

Martyn Stewart

Salí de ese lugar para dirigirme a una oscura hilera oculta de jaulas elevadas que también tenía montañas de excremento. Allí, encontré a un perro completamente acurrucado en sí mismo; su espíritu estaba quebrantado, no podía mirarme y yo solo le hablaba en voz baja para decirle que ya estaba a salvo y pronto saldría de ahí. Su cuello había sido cosido con hilo de arpillera y sin anestesia. Temblaba en la oscuridad. Tenía una pequeña tabla rígida que representaba su única salvación de la base de alambres de la jaula que deformaba sus patas. Parecía tener entre 5 y 6 meses de edad.

Verlo me derrumbó y me motivó a preguntar qué probabilidades habría de llevarlo a casa conmigo. Lola Webber, de la Fundación Change for Animals, vital a la hora de establecer el contacto para involucrar a la SHI y comenzar la clausura de esas granjas, estaba conmigo en ese momento y me respondió que era muy probable que pudiera hacerlo.

Decidí en ese momento que llevaría a este perro a casa; había sido maltratado física y mentalmente, así que mi trabajo sería sentarme a hablar con él, asegurándome de que entendiera que estaba con personas que lo querrían y se preocuparían por él y otros como él. La SHI lo llamó Sox por las marcas blancas en sus patas, pero yo decidí llamarlo Pocket para honrar al hijo de un amigo que conocí en Nepal, cuyo trabajo incansable ayudó a clausurar el festival de Gadhimai.

Martyn Stewart
Martyn Stewart
Día tras día llegábamos a la granja muy temprano para hacer cajas y sacar a los perros de ahí. Los trabajadores entrenados del SHI colocaban con mucho cuidado a cada uno de los perros en cargadores dispuestos en un camión que los llevaba a un aeropuerto, donde viajarían con destino a los Estados Unidos.

Para el día lunes 21 de septiembre, habíamos colocado a más de 100 perros en aviones con destino a San Francisco para ser distribuidos entre varias pensiones para ser evaluados por veterianrios.
Pocket y otros cinco perros fueron enviados al estado de Washington, así que mi esposa y yo fuimos a

Tacoma a recoger a los perros y llevarlos a PAWS, en Lynnwood. Ahí, todos los perros, incluyendo a Pocket, fueron colocados en casas para perros, alimentados y cuidados por el personal de PAWS. La mañana siguiente, regresamos a PAWS para ver a Pocket. Lo vi hacer un movimiento mínimo con su cola; parecía reconocerme, al menos me gusta pensar que así fue.



Después de ser evaluado y esterilizado, lo llevamos a casa al asegurarnos de que los demás perros serían bien cuidados y estarían listos para ser adoptados. He visitado a los demás todos los días y también seguiré muy de cerca sus vidas.

South Korean dog farm closed by the Humane Society International. Photo: Martyn Stewart
Granja de perros en Corea del Sur, clausurada por la Sociedad Humana Internacional. Crédito: Martyn Stewart
Pocket nunca había visto la luz del sol, sentido el pasto, jugado con un pájaro o una ardilla, olido las flores ni tenido un tazón de agua para él en su corta vida; le robaron su momento de ser un cachorro normal. Su vida comenzó el sábado 26 de septiembre de 2015; he creado una página en Facebook dedicada a su joven vida para crear consciencia sobre la situación de perros como él, usados como carne en muchos países. Se llama “Pocket for change“ (“Pocket” para el cambio).

Si te repugna el comercio de carne de perro en Corea, China, Vietnam o cualquier otro país donde coman perros, asegúrate de pensar en las cosas que vas a decir. En esos países, el comercio de carne de perros no es diferente a la manera en la que nosotros comemos cerdos, gallinas y vacas. Considera una dieta que no incluya animales para agregar validez a tus argumentos sobre esta cruel industria. Personalmente, no he comido carne en más de 30 años.


Espero que un día sea la luz que ilumine y descubra la crueldad tras el comercio de carne. Un día, su sufrimiento cerrará las puertas del abuso animal. Las herramientas más violentas que puedes emplear contra un animal son el cuchillo y el tenedor.



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