
Un
perro hambriento que una vez fue abandonado y vagaba por las calles de
Iquitos, Perú, estaba totalmente demacrado y sin esperanzas. Cada
día, este pobre perro se presentaba delante de las tiendas y
restaurantes concurridos, pero la gente simplemente lo ignoraba.
Era como si él no existiera, pero un día todo cambió para él, aunque al principio no lo creyera. Dos
mujeres llegaron como “caídas del cielo” y se lo llevaron a un lugar
seguro. Le dieron un plato de comida, una cama cómoda, y un nombre:
Ojitos.
Todo
el mundo en esa ciudad ignoraba al pobre animal solitario y hambriento.
La gente, literalmente le daba la espalda, dejándolo que muriera poco a
poco de hambre.
Pero
unas mujeres llegaron a salvarlo, se lo llevaron y se dedicaron a
cuidarlo para que Ojitos mejorara su salud y volviera a creer en la
humanidad.
Ojitos
no creía que se merecía todo el amor y cuidado, porque todo era tan
nuevo y repentino. Pero se dio cuenta rápidamente de lo hermoso que es
dormir en una cama caliente y tener un estómago lleno.

Él
aprendió a confiar de nuevo, gracias a Joyci y Bianca, unas mujeres que
ganaron su corazón. Finalmente Ojitos se dio cuenta de que no todos los
humanos son malos.

El perro se recuperó, su pelaje creció de nuevo y se volvió a ver una luz en sus ojos.
Afortunadamente
Ojitos se recuperó después de muchas idas al veterinario. Él tiene una
familia que lo ama, y es un perro luchador que sobrevivió a la
indiferencia de algunas personas, gracias al amor y cuidado de otras.



Dios las bendiga!
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