
En 2014, PETA cometió lo que, según sus palabras, fue un
"terrible error". Cuando Victoria Carey y Jennifer Wood, dos mujeres
afiliadas a la organización animalista, atendieron la llamada de un
residente de un camping de caravanas en Accomack, Virginia, para
capturar a una serie de perros y gatos callejeros, las mujeres
decidieron aprovechar el viaje para llevarse de allí a un Chihuahua
supuestamente desatendido que encontraron suelto en el lugar.
Maya había sido un regalo de cumpleaños para Cyntia Zarate, una niña de
nueve años que vive junto a su familia en el camping. 24 horas después,
Maya estaba muerta. PETA decidió saltarse a la torera la normativa que
exige un mínimo de cinco días de espera antes de sacrificar a un animal y
le practicó la eutanasia al instante. Las autoridades les multaron con
una irrisoria suma de 500 dólares.
Wilber Zarate, el padre de Cyntia,
denunció a la organización por arrebatarles al animal de su propiedad y
quitarle la vida antes de el tiempo legal estipulado. Zarate considera
que no se trató de un error, sino que peta actúa de esta forma,
sacrificando también a animales sanos, porque "consideran que poseer
mascotas es una forma de esclavitud involuntaria".
Tras llegar a un acuerdo legal, PETA pagará a la familia 49.000 dólares
y donará a un refugio de animales local otros 2.000 en honor a Maya.
"PETA quiere disculparse una vez más
y expresar su arrepentimiento a la familia Zarate por la pérdida de su
perra Maya. El señor Zarate sabe que se trató de un terrible error por
parte de PETA y que los individuos implicados lo hicieron sin ninguna
mala voluntad hacia la familia Zárate", expresaron ambas partes en una
declaración conjunta.
Aunque la
organización asegura que ayuda a 25.000 animales cada año, en 2016 PETA
sacrificó a 1400 de cada 2000 animales que había en sus refugios.
[Vía AP]
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